Poemas a Rusiñol

"Jardines (Modos del alma)", de Ramón Perez de
Ayala. Fechado en 1908, se publicó en El sendero andante:

El hombre no es su traza corporal,

ni es su palabra volandera,

ni lo que haya bien o haya hecho mal,

ni nada extern0 y por de fuera.

Todo lo está en moradas interiores,

más allá de la carne oscura;
y nunca ojos habrá, salteadores,
que profanen esta clausura.
Selladas han de estar moradas tales.
La soledad es su atributo;
y, como en 10s jardines conventuales,
el silencio sazona el fruto.
Este es el hombre, sombra caediza,
ciega, vehemente y errabunda,
que en la interior morada solemniza
su significaci6n profunda.
Igual la tierra, ciega y vehemente
-sombras hacinadas sin cuento-,
parece sosegar con luz consciente
en un interior aposento.
El tumulto de fuerzas, ahora afines
y luego enemigas, se encalma
y halla conciencia y expresi6n. Jardines.
Dijkranse modos del alma.
El estanque en arrobo es ojo casto
y de firmamento está hambriento;
que no le sacia el diamantino pasto
de la carne del fmamento.
El cipr6s caviloso, erecto y fuerte,
que en 10 azul recorta su ojiva,
no es otra cosa que el miedo a la muerte
por amor a la rosa viva.
El rojo del clavel, carnal congoja.
Y la cenci& superficie
verde del prado, y una que om hoja
seca; dolor en la molicie.
La estatua mutilada, idolo roto;
la fe que perdi6 su entereza.
El borboteo de un anhelo ignoto
sobre el musgo de la pereza.
Las avenidas tersas y nevadas,
perdiéndose en 10s arrayanes,
igual que entre flaquezas emboscadas
se derriten nuestros afanes.
Y las sutiles aves huideras
sobre un ocaso de carmin;
memorias, ilusiones y quimeras.
Y al fin, el Último jardin.
Santiago: tus pinceles poetizan
las cosas, con clarividente
emoción, y en tus parques se deslizan

las almas silenciosamente


Tocado, asipues, en sus fibras más sensibles se sintió Rarnón Pérez de
Ayala al contemplar las telas del bohemi0 pintor catalán, cuyos jardines,
henchidos de emotivo espiritualismo, no vacilaría el asturiano en calificarlos

como "modos del alma".

Por su parte, Juan Ramón ofrendó al modernista

barcelonés el poema cuyo frontis dice "A SantiagoRusiiIol (Por cierta rosa) (En
su libro Jardines de Espafia)". Incluido primitivamente en Ornato, a la postre
pas6 al conjunt0 Devoción y consecuencia (1910-1914). La versión definitivaes
bta:
Mira, maestro, este solitari0 paraje
quieto y hondo, tan dulce de luz y de verdores
como aquellos de paz, de temura, de encaje,
en que tu corazón soñara 10s colores.
Su ocaso vago tiene tu doliente elocuencia,
tu oración de otras tardes en su cenit persiste,
se hunde en la noche azul con aquella demencia
de nostaljia que tú callando nos dijiste.
El agua que en el fondo de esta gruta, obstinada
cua1 en un re16 uiste, cóncavamente llora,
refresca la penumbra con la esencia mojada
que enre.6 a sus misterios tu alma embalsamadora.
Y, cielo abierto en flor, venus clara y celeste,
esta rosa,en su tallo de un verde no aprendido,
recoje la luz Última del crepúsculo este
que parece que tú, otra vez, has sentido;
fantasma de matices, doncella que trocase,
voluble, su oro en plata y su plata en violeta,
como si, en un anhelo de encantos, imitase
tu coraz6n romintico de pintor y poe ta...
Decoraci6n de ensuefio ya mirada de estrellas,
donde el surtidor, pálido, al cielo se levanta,
mientras el ruisefior, loco de penas beilas,
quieto frente a la rosa que tú has pintado, canta
(Cuadro)
... Soledad que el amor deja al arte. Sombrosa
senda en que aún cabecea tu pincel vespertino ...
Glorieta de pasibn, en que es reina tu rosa
de un mundo mis pequefio, más dulce y más divino