ÁRBOLES EN RUBÉN DARÍO

El tratamiento que hace Darío de los árboles es mucho más descriptivo que el de Juan Ramón, es decir no llega a la comunión con la naturaleza y en concreto los árboles que hace el poeta español.

Para Rubén el pino es el símbolo de la cultura mediterránea:

CANCIÓN DE LOS PINOS

Oh, pinos, oh hermanos en tierra y ambiente, 
yo os amo! Sois dulces, sois buenos, sois graves.
Diríase un árbol que piensa y que siente 
mimado de auroras, poetas y aves.[...]


Cuando en mis errantes pasos peregrinos
la Isla Dorada me ha dado un rincón 
do soñar mis sueños, encontré los pinos, 
los pinos amados de mi corazón.[...]

Amados por tristes, por blandos, por bellos.
Por su aroma, aroma de una inmensa flor, 
por su aire de monjes, sus largos cabellos,
sus savias, ruïdos y nidos de amor.

¡Oh pinos antiguos que agitara el viento 
de las epopeyas, amados del sol!

                                                 ¡Oh líricos pinos del Renacimiento,                                                                                                            y de los jardines del suelo español! [...]

(Rubén Darío, "Canción de los pinos" de El canto errante)


  
   


Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora, 
la labor del minuto y el prodigio del año. 
 

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa, 
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa: 
¡dejad al huracán mover mi corazón!

(Rubén Darío, Cantos de vida y de esperanza)

Lo fatal 

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, 
y más la piedra dura porque esa ya no siente, 
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.