El "reflejo" es un motivo importante en la poética de Juan Ramón Jiménez y en la de Antonio Machado. Juan Ramón fue el primero en subrayar la importancia de este tema en la obra lírica machadiana llena de reflejos en el agua quieta de la fuente. A su vez. Machado rinde homenaje a Juan Ramón en un poema de 1901, con temática de jardines, dedicándolo a su libro Ninfeas con un verso revelador: «Mágicos lagos en tristes jardines», que puede considerarse como expresión de una lírica compartida.
Para Juan Ramón el poema no es capaz más que recrear la naturaleza como si fuera su espejo, su reflejo.
Es importante, destacar que Juan Ramón está lejos de la concepción parnasiana de que el mundo o la naturaleza es artificial, un simple escenario, sólo sirve para ubicar o describir. Por el contrario y sobre todo en Juan Ramón la naturaleza es al mismo tiempo símbolo o reflejo de su mundo interior.

copia sus grandes frondas amarillas;
el cielo azul es más divino en él,
que viese lo de fuera desde fuera
y desde dentro lo de dentro;
la delicada y fuerte realidad
de la imajen completa.
Mensajera de la estación total,
todo se hacía vista en ella.
* * *

Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).
¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)
Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).

