Swinburne, Townsend y Bourgoing, próximos a los círculos cortesanos, los descriptores de uno de los juegos ecuestres preferidos en las fiestas promovidas por la corte durante sus estancias enel Aranjuez del último cuarto del setecientos: las «parejas»,
«débil y fría imagen de los antiguos torneos [que] recordaban un poco a los espectadores, tiaciéndoselas añorar, aquellas fiestas en que los antiguos caballeros, bajo las miradas de los reyes y las damas, iban impelidos por eldoble acicate de la gloria y el amor» .
También Bourgoing da testimonio de otra forma más —digamos que igualmente elemental— de desplegar el patronazgo regio, al referirse a los ejercicios ecuestres participados por miembros de la familia real y miembros de la corte en Aranjuez a que hemos aludido: «Para que los cortesanos más adictos encontrasen algún atractivo en este baile de centauros, era preciso, nada menos, que gozasen del honor que significa tomar parte en tales diversiones junto a los hijos del monarca y contribuira su diversión».
Su nombre es debido al Juego de Parejas que tenía lugar en esta plaza y era una especie de baile a caballo en la que cuarenta y ocho caballeros iban divididos en cuatro filas encabezadas por uno de los hijos del rey y desfilando disciplinadamente se cruzaban y entrecruzaban en una especie de baile, torneo y desfile militar.