La presencia del jardín es continua en la literatura modernista, que a menudositúa en su seno o bajo su directa influencia el desarrollo de acciones ola expresión de sentimientos. Particularmente interesantes son, por muchasrazones, las imágenes de los jardines sucesivos y cambiantes que acompañanal Marqués de Bradomin en las Sonatas de Valle-Inclán.
Valle-Inclán habló de «los armoniosos y melancólicos jardines de Rusiñol, todos llenos de emoción y de una verdad lejana y permanente, la verdad del recuerdo», distante siempre de lo que sólo es «verdad inmediata y efímera».se perdiera entre ellas!» En el jardín encuentra el modernismo, en suma, un lugar particularmente propicio para desplegar su sensibilidad estética y su vocación poética. En él
dialoga con la naturaleza, se acerca artísticamente al paisaje y se deja invadir
por sus múltiples sugerencias. «Entre los olorosos y evocadores boscajes —escribe
Rubén Darío sobre Aranjuez— resucitan las lejanas escenas,
y hay en el ambiente de los jardines y alamedas como dormidos ecos galantes
que no aguardan sino el enamorado o el poeta que sepa despertarlos»
También
el alma”—, durante el homenaje ofrecido a Azorín en noviembre de
1913, recuerda Juan Ramón Jiménez que «los jardines caídosy el cielo nublado compusieron infinitas alegorías ideales, a lo romántico y alo clásico», en aquel lugar de «inmenso silencio solitario que a veces endulzaba,lejos, o desgarraba, cerca, el mirlo con su breve chorro de aguda música».